viernes, 27 de octubre de 2023

Golpe de Estado no tradicional

 Golpe de Estado no tradicional

 

En el mes de septiembre y desde Argentina el expresidente Sebastián Piñera reafirmó, que en su segundo mandato presidencial, fue víctima de un “golpe de Estado no tradicional” en su contra y que la izquierda apoyó y justificó la violencia. Que la oposición fue ambigua, justificó los actos y buscó formas para derrocarlo. 

Debemos reconocer enfáticamente que el estallido social fue una expresión de dolor y una fisura de nuestra sociedad y que hasta el momento la política de la cual somos parte, no ha sabido interpretar ni dar respuesta. El estallido fue la consecuencia de un malestar acumulado por largo tiempo que clamaba por mayor justicia, igualdad social y el fin de los abusos. 

Entonces, en esta espera la ciudadanía comprensiblemente salió a manifestar su descontento, muchos de forma pacífica, aunque en contraste también había quienes lo demostraron de forma violenta. No obstante, dejémoslo claro, el gobierno del ex presidente Piñera provocó reacciones desagradables con algunas declaraciones contravencionales que irritó los ánimos y forzó lo sucedido. Con el alza del precio de los buses Red, del metro de Santiago y el Tren Central, los $30 pesos extra en el pasaje adulto en la hora punta del tren subterráneo, fue la gota que rebalsó el vaso. 

Y ante la oposición de la misma ministra de Transportes, Gloria Hutt, el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, salía en medios a sugerir levantarse más temprano para evitar el alza en el pasaje. La fórmula de irritación perfecta. 

Ese gobierno no poseía una sensibilidad social, cero auto crítica a su política de comunicación, mientras sus líderes pensaban que estaban en un viaje de crucero sin ningún problema social de por medio. El mismo presidente Piñera nos decía que Chile era un paraíso en el mundo, del mismo modo se le veía comiendo pizza en un restaurante en Vitacura mientras se registraban grandes desórdenes en las jornadas de protestas por el alza del metro. 

Fue una escalada de provocaciones y de insensibilidades que el gobierno de Piñera no supo leer ni anticipar, desencadenando la crisis que todos conocemos, siendo esa su parte de responsabilidad. A estas alturas, debería tener una meditada reflexión bien asumida, la cual abiertamente aún no ocurre. 

Sin embargo, estoy de acuerdo con el ex presidente Piñera en que el Frente Amplio se aprovechó del descontento social y trató de manipularlo para generar desestabilización y tratar de establecer, si bien no un golpe de Estado no tradicional, desestabilizar su gobierno, pedir su renuncia o simplemente dañarlo políticamente. 

Las redes sociales lo pedían, plataformas como Twitter y otras aprovechaban la oportunidad para buscar la anarquía, mostrar su resentimiento, causar desorden público y tal vez derrocarlo. El tema acá es claro, estas manifestaciones no pueden hacerse violentamente, no puede salir encapuchados a quemar y hacer delincuencia, ni mucho menos sus acciones ser apoyadas por las mismas agrupaciones políticas que ahora acompañan al presidente en el gobierno. 

Si hay algo que reprochar al actual gobierno es que manipularon esa circunstancia para hacer oposición y obtener así el la ventaja para ser gobierno, de una manera bastante políticamente ilegítima al jugar con las reglas a su conveniencia. Ampararon este mecanismo de manifestación y su forma de actuar política. Y por lo mismo, ahora en su gobierno tienen que confrontar las manifestaciones de los estudiantes, controlar distintas protestas o cualquier otro tipo de manifestación que se produzca, de igual o mejor manera que en el gobierno pasado. 

Pero todo eso no significa que Piñera no haya cometido errores y que ahora quiera desligarse de su responsabilidad política, haciéndose la víctima y buscar explicaciones solamente en un aspecto. Una actitud que es común en la política chilena y que ha sido la forma de manejarse en los últimos 40 ó 50 años. 

Nelson Leiva Lerzundi

Cientista político


Comisión para la Paz y el Entendimiento.

 

Comisión para la Paz y el Entendimiento. 

Con el fin de buscar soluciones a largo y mediano plazo en el conflicto mapuche sectorizado en la Araucanía, Bio Bio, los Lagos y los Ríos, el Diario oficial el 12 de julio 2023 publica el decreto N°14, 2023, creando la “Comisión para la paz y el entendimiento” cuyo propósito será asesorar al presidente en la construcción de una vía institucional y legitima para abordar el conflicto e intentar una vez más un nuevo diálogo de entendimiento entre el Estado de Chile y el pueblo Mapuche. Esto tras el acuerdo de todos los sectores políticos del país de por medio. 

La comisión a finalizar a finales del 2024, pretende establecer un catastro de afectados como punto inicial, una instancia de intervención para la macro zona sur, seguridad del sector, formas de reintegración de las tierras usurpadas, la reparación de los menoscabados y la prosperidad autóctona. 

En otras palabras, con esta iniciativa el gobierno pretende asumir una posición que remedie las trabas del pasado, con todo el apoyo del Estado de por medio, para alcanzar resultados favorables. Esto comprensiblemente compromete a toda esta nueva generación de políticos idealistas con objetivos compartidos por muchas generaciones previas, aunque finalizados siempre de la misma manera. 

Todos aquellos protagonistas involucrados en su momento no pudieron responder debidamente, consiguieron solamente avances a medias que con los años no han sido suficientes, agudizándose inevitablemente el problema, principalmente por no acometer los fundamentos del conflicto con diplomacia y por presentar propuestas inviables para realidad de ambas partes. 

Han sido 200 años inalterables del problema con los pueblos originarios, por qué la solución llegaría de la mano de esta generación en particular. Sobre todo por esta juventud idílica, en donde algunos no están comprometidos con nada, que ven este y otros inconvenientes desde fuera, de una forma romántica, sin tener la fuerza y el poder para afrontar la magnitud que tiene. 

Esa es la falla crítica de esta generación al gobierno, no separan la realidad de lo ideal, siendo la inmediatez el verbo que conjugan a diario. Hay cosas que se van a realizar y otras que no. Hay quienes tienen el poder y quienes no. Hay quienes tienen la voluntad y quienes en realidad se quieren aprovechar. Hay quienes dicen que están comprometidos con el problema mapuche, con las reivindicaciones sociales y luego se olvidan de las circunstancias que provinieron de estallido social y el descontento ciudadano. 

Por otra parte, la solución hay que verla con una mirada realista, como se dice coloquialmente de frente, de manera clara y directa. La realidad política y los problemas que la política depara tienen otra organización, otros elementos, otros tiempos, otros intereses, que no siempre van a acorde con las situaciones y las realidades administrativas. Esa es la realidad que cuesta asumir, las respuestas no representan a todos los sectores ni tampoco se aspira a solucionar todos los problemas. 

Muchas veces se cree que estos conflictos se mantienen artificialmente por unos o por otros intereses políticos. Entonces siempre existirán esas dudas razonables ante cualquier acuerdo para la paz, sea hecho con buenas intenciones o no. Pese a ello, no siempre las propuestas representan la buena intención de todos los sectores político, porque no a todos les conviene que los conflictos se cierren, más bien, a muchos les conviene que esta disputa sigan abiertas eternamente para sacar ventajas. 

Cabe cuestionarse si existe el agua suficiente en la piscina política para llevar a cabo lo que determine esta propuesta, será que están todos los protagonistas políticos dispuestos a cumplir lo que la comisión asesore. Y lo más importante, el próximo gobierno que nos esté gobernando estará dispuesto a seguir esas medidas. ¡Es la gran interrogante! 

 

 

Nelson Leiva Lerzundi

Cientista Políticos

jueves, 12 de octubre de 2023

Eduardo Frei Montalba y la Constitución

 

Eduardo Frei Montalba y la Constitución 

Don Eduardo Frei Montalba, el 27 de agosto 1980 en el teatro Caupolicán, elabora un discurso llamando al pueblo a rechazar el texto constitucional, el del plebiscito de 1980, que además del texto agregaba una serie de artículos transitorios propuestos por el régimen militar, favoreciendo abiertamente a la concentración total de su poder. 

Como siempre en su talante, a través de una moderada alocución, con fuerza, claridad, gran valentía y sin temor alguno al régimen, explicaba las consecuencias de lo que traía consigo. Y como era debido, interpelaba vehemente al jefe del Estado del momento, manifestando que estas normas jurídicas transitorias afectarían la vida, seguridad y libertad da cada chileno o chilena, privándolos de sus derechos esenciales hasta los años donde sería efectiva la nueva carta. Entonces, no se equivocó en alzar la voz. 

En otro contexto, pero en el mismo tono, con la misma fuerza y vehemencia, podría hacer la misma denuncia en la actualidad. Que nos diría don Eduardo Frei en este momento, no a la cúpula militar sino a todas las fuerzas políticas, a su propio partido la Democracia Cristiana (DC). Probablemente, diría que no han sido capaces de llegar un acuerdo constitucional pese a existir la voluntad, porque prevaleció sobre ellos la mezquindad. A diferencia, él como gran líder político nunca pensó egoístamente, siempre tuvo presente el proyecto país ante todo. 

Por esta razón manifestó en su momento, “no somos enemigos del plebiscito como forma de consulta popular. Al contrario. Pero queremos un plebiscito verdadero”. Obviamente, que impugnaría el primer plebiscito y estaría inconforme con lo trabajado realizado hasta el momento en el segundo, por las mezquindades políticas que se presentan. 

El ex presidente aspiraba hacia el porvenir, buscar para Chile una salida racional lo más pacífica posible, para que el país no viviera en la regresión, sino que evolucionará de acuerdo a su personalidad histórica. Que el país siguiera sus 170 años de vida republicana en un proceso evolutivo siempre ascendente, en busca de perfeccionar la democracia, asegurar la libertad y el imperio del derecho e integrar a todas las clases sociales en un progresivo desarrollo. 

Pese a todo, el discurso pronunciado en ese teatro nos hace reflexionar del gran valor que tiene para la democracia el unirse frente a los grandes y graves conflictos que nos acechan, comprendiendo lógicamente las legítimas diferencias políticas e ideológicas que nos separan. Sin embargo, eso no nos puede transformar en enemigos aun pensando distintos, ya que lo único que puede ayudarnos en este momento de violencia, de odio y de revanchismo es el acuerdo. Es lo que él deseaba en vida, así como también otros líderes de su estirpe. 

Es uno de los discursos más grandes nuestra historia republicana, porque de manera magistral defendía una democracia derrotada, enfrentándose al opresor directamente. Seguramente muchos lo han escuchado por radio, leído o visto en los programas de televisión, sea cual sea la forma transmitía la misma necesidad actual de una constitución que nos represente a todos. 

Fueron esos argumentos políticos y jurídicos que no se tomaron en cuenta ni en el primer proceso constituyente y hasta ahora lo mismo con los consejeros constitucionales. Al no atendérselos en el centro de los partidos, la dirección tomada convirtieron el espacio en un feudalismo de intereses que no representaban el deseo de democracia que aspiraba Frei, puesto que así no se construye una patria orgánica. 

Ahora en democracia no existiendo el contexto de la dictadura mediante, podemos ir más allá. Podemos buscar un crecimiento y desarrollo, perseguir una voluntad general más profunda. No obstante, caemos en lo mismo una y otra vez en las mismas incertezas y mismas arbitrariedades. 

Hoy día, buscar cómo podemos aplicar este magistral discurso del teatro Caupolicán y hacerlo carne para tener una nueva constitución que represente a todos los chilenos, esa es la tarea de ahora en adelante.

 

Nelson Leiva Bustamante

Cientista Político

jueves, 5 de octubre de 2023

El uso de la fuerza

 

El uso de la fuerza

El no más del gobierno del Frente Amplio del uso de la fuerza. 

Está bien que el gobierno disponga que no se deba utilizar más la fuerza para reprimir a la población y abusar de los derechos humanos, sobre todo en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe militar. Sin embargo, eso no significa que el uso de la fuerza no deba utilizarse contra quienes se pongan al margen de la ley, o usarlo contra quienes no quieren respetar la constitucionalidad y los derechos humanos de los conciudadanos, quienes desean o quieren vivir tranquilos, cuidar de su propiedad y familia. Mismos que no desean tener algún tipo de manifestación o de otra índole cerca de su casa, ciudad, o lugares de trabajo. El gobierno debe mantener el orden público para respetar el derecho de otros. 

A pesar de que para muchos los derechos humanos sólo son afectados por el Estado, otros profesamos que estos no sólo son los que la autoridad o agentes del Estado puedan provocar, sino también cuando terceros afectan los derechos humanos de otras personas. 

Por ejemplo, la discriminación en todas sus formas; el trato a una persona, grupo o institución de manera diferente y perjudicial, por raza, sexo, género, ideas, lugar de procedencia, aspecto físico, religión, política, discapacidad, etc, por cualquier motivo que sea, en el trabajo, en las escuelas, en la universidad. En estos se ven afectados los derechos básicos de quienes viven estas experiencias, de estudiar, trabajar, convivir de buen carácter al resto, a formar parte de esta sociedad. Y cuando se vulneran a estas personas, los familiares también ven afectando sus derechos humanos. 

Entonces, podemos preguntarnos quiénes ven estas y otras tantas dimensiones parecidas de los derechos humanos, porque usualmente sólo se ven las que tienen que ir con la institucionalidad estatal.           

En otras palabras, en estos 50 años debemos plantearnos de una vez por todas si procedemos más allá e instituimos como agentes del Estado u organizaciones estatales a todas las instituciones creadas por la estructura social del Estado o por la entelequia jurídica. Ya sea el Estado, las instituciones públicas, poderes militares, el poder civil, las escuelas, las universidades y toda institución social que sea parte en conformidad del Estado. Porque si nos vamos a la teoría del Estado, este está integrado por los siguientes elementos: una población, un territorio, un gobierno y una soberanía. O sea, cualquiera ser parte de estos elementos son parte del Estado. 

Ahora bien, las instituciones jurídicas creadas por la población en los conceptos sociológicos de urbe, podemos discutir si son parte de este organismo. No obstante, si aquellos miembros de la urbe viven en un territorio que es parte del Estado, evidentemente para ampliar los límites de respeto y exigencia, a mi juicio debería también ser tomado en cuenta como medida de derechos humanos. 

Por consiguiente, los derechos de las personas nacen del respeto y del reconocimiento de los derechos de cada uno de los otros miembros de la comunidad. Esto deja claro que los derechos nos pertenecen a todos y no a persona alguna que vengan de la política, sea de izquierda, derecha, extremos, centro, liberalismo, o sea de donde venga. 

Invito a esta reflexión en estos meses para que tengamos una visión más global de lo que son los derechos humanos y a quienes afectan. Asó mismo, no vinculemos solamente al Estado y a sus agentes, miembros, políticos o quienes estén a cargo del Estado de los abusos cometidos, sino que a todo el ente social, cultural y político en la relación con los grupos humanos, porque todo forma parte de ese Estado. Por lo que veríamos nuestros derechos humanos violados permanentemente. 

Para terminar, los derechos de las personas tienen unos colaboradores de los cuales todos se olvidan, que son los deberes del hombre y del ciudadano. En eso se basa la doctrina de nuestros derechos y deberes, el ser una parte activa de la sociedad y ejercer por ejemplo su derecho a voto, de ser ciudadanos, del deber del cuidado de las ciudades, del respeto cívico, de respetar la propiedad privada.

 

 

Nelson Leiva Lerzundi

Cientista Político