viernes, 29 de mayo de 2026
martes, 26 de mayo de 2026
La ilusi贸n de gobernar
La ilusi贸n de gobernar
El gobierno de Gabriel Boric nos dej贸 una lecci贸n clara, para gobernar no bastan las ideas, se necesita tambi茅n un equipo comprometido y con capacidad real de gesti贸n. As铆 es como el expresidente inaugur贸 un modelo que contin煤a Jos茅 Antonio Kast, “gobierno con ideolog铆a arrendada”. En esta, los partidos sin cuadros suficientes ni masividad se ven obligados a arrendar poder a las coaliciones que supuestamente ven铆an a reemplazar. Boric recurri贸 a la vieja Concertaci贸n; Kas, de Chile Vamos. As铆, el partido del presidente se convierte en un actor secundario dentro de su propio gobierno, intentando crecer desde adentro, pero sin autonom铆a real. El Frente Amplio fracas贸 en ese intento y a煤n no sabemos si Republicanos lograr谩 algo distinto.
Este modelo es peligroso porque transmite la idea de que gobernar solo requiere discursos y promesas, sin partidos s贸lidos, sin equipos de trabajo, sin ideolog铆as claras ni estructuras organizadas. Se instala la moda de gobiernos que parecen exitosos por llegar al poder, aunque terminan vac铆os de contenido y dependientes de mayor铆as fr谩giles. Los partidos pol铆ticos, en esencia, deber铆an ser organizaciones ideol贸gicas con principios, militancia y capacidad de decisi贸n aut贸noma. Sin eso, se transforman en experimentos dependientes de coaliciones, incapaces de sostener un proyecto propio.
El resultado es un gobierno que comparte poder, administraci贸n y que carecen de un proyecto pol铆tico definido. Kast, por ejemplo, necesita a toda la derecha unida para mantener mayor铆a en el Congreso; si los aliados se quiebran, esa mayor铆a se diluye. Lo mismo ocurri贸 con Boric y sus pactos con la izquierda tradicional. En ambos casos, el presidente termina siendo reh茅n de acuerdos y chantajes pol铆ticos, incapaz de cumplir siquiera con lo m铆nimo de su programa.
Se instala as铆 una l贸gica demag贸gica, se promete mucho, mientras por otro lado los ministros carecen de facultades y mayor铆as para ejecutar. El gobierno se reduce a aparentar que gobierna, cuando en la realidad no decide nada. El presidente finalmente no tiene poder total, en un sistema presidencialista que, parad贸jicamente, les otorga amplias facultades.
Sin reformas estructurales, los gobiernos seguir谩n siendo proyectos limitados, dependientes de mayor铆as relativas y expuestos a la inestabilidad. El problema se intensifica cuando a los ciudadanos ya no les importa qui茅n gobierna ni c贸mo funciona la pol铆tica, lo que erosiona a煤n m谩s la legitimidad del sistema.
La salida no est谩 en seguir creando partidos de fantas铆a ni en repetir pactos coyunturales. Se requiere enfrentar el problema estructural con seriedad, eso es, plantear reformas constitucionales e institucionales que devuelvan autonom铆a y coherencia a los partidos, y que permitan gobiernos con proyectos claros y capacidad real de decisi贸n.
La primera oportunidad de un cambio constitucional se perdi贸 con el proceso, no obstante, tarde o temprano llegar谩 el desgaste definitivo de la Constituci贸n de 1980 y ser谩 inevitable replantear el sistema. Si no se asume este desaf铆o, heredaremos a las pr贸ximas generaciones una pol铆tica marcada por el populismo, el vac铆o de liderazgo y la incapacidad de resolver crisis estructurales.
En definitiva, lo que est谩 en juego no es solo la capacidad de un presidente o de un partido para administrar el Estado, sino la salud misma de nuestra democracia. Cuando los gobiernos se construyen sobre pactos fr谩giles y partidos sin arraigo, se debilita la confianza ciudadana y se erosiona la legitimidad institucional. La pol铆tica deja de ser un espacio de conducci贸n colectiva y se convierte en una administraci贸n de coyunturas. Si no se recupera la fortaleza de los partidos y la claridad de los proyectos ideol贸gicos, el riesgo es que la ciudadan铆a termine viendo al Estado como un aparato vac铆o, incapaz de transformar la realidad. La verdadera tarea, entonces, es reconstruir un sistema pol铆tico que vuelva a ser representativo, que devuelva sentido a la militancia y que permita que los gobiernos sean algo m谩s que gestiones transitorias, eso es que sean proyectos de pa铆s con visi贸n de futuro.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico
La fragilidad de gobernar sin respaldo
La fragilidad de gobernar sin respaldo
Gobernar sin mayor铆as se ha convertido en un cl谩sico de los 煤ltimos gobiernos. Es, en esencia, gobernar sin presencia real, sin capacidad de articular una pol铆tica coherente. La falta de respaldo obliga a buscar apoyos externos y a dialogar, lo que en teor铆a fortalece la democracia, pero en la pr谩ctica debilita la acci贸n gubernamental: sin votos suficientes en el Parlamento, ni siquiera las leyes m谩s b谩sicas logran avanzar.
Se suma la incapacidad de las coaliciones oficialistas para ordenar a sus miembros, generando un escenario de permanente tensi贸n, pol茅mica y roces internos. Esto es, una oposici贸n interna independiente de la confrontaci贸n natural con la oposici贸n.
Como resultado es una pol铆tica ineficaz, desgastante, marcada por ministros arrogantes y gobiernos que, indistintamente de su color pol铆tico, se parecen demasiado en las formas de enfrentar la minor铆a parlamentaria, a trav茅s de acuerdos forzados, negociaciones a rega帽adientes y una relaci贸n cada vez m谩s 谩spera.
La gran pregunta es, c贸mo puede avanzar un pa铆s en estas condiciones si el oficialismo y la oposici贸n son incapaces de ense帽ar la madurez necesaria. All铆 recae la necesidad de obtener mayor铆as estables en el congreso; as铆 como tambi茅n, la coherencia al elegir a quienes gobiernan. Sin estas mayor铆as, el Estado queda condenado a la inseguridad pol铆tica, a gobiernos que no pueden ejecutar sus programas, que carecen de consistencia y que inevitablemente terminan incumpliendo sus promesas por falta de respaldo.
Aceptamos entonces la arrogancia, la mentira y la falta de sentido com煤n como parte del paisaje pol铆tico. No obstante, esas actitudes al final no dan soluciones, por el contrario, s贸lo agravan los problemas y aumentan la complejidad de gobernar. El problema es que estas din谩micas se han repetido en los 煤ltimos a帽os y, mientras se mantengan, el pa铆s corre el riesgo de caer en una espiral de disputas pol铆ticas y electorales, sin liderazgo ni convicci贸n, atrapado en la dicotom铆a de la falta de acuerdos y el roce permanente.
Lo que Chile necesita es que las autoridades y los sectores pol铆ticos piensen en el bien com煤n, en un proyecto pa铆s que trascienda intereses mezquinos y c谩lculos electorales. La historia ha demostrado que cuando se privilegia el sentido com煤n y la cooperaci贸n, el pa铆s avanza hacia el crecimiento, el desarrollo y la estabilidad. En cambio, cuando se opta por los extremos y la arrogancia pol铆tica, solo se cosecha crisis e irresponsabilidad.
Por lo tanto, el desaf铆o es claro, la tarea es construir una interpretaci贸n com煤n del pa铆s, fortalecer las instituciones, fomentar una ciudadan铆a informada, participativa y garantizar la estabilidad pol铆tica. No podemos seguir atrapados en caprichos electorales ni proyectos individualistas.
Chile debe proyectarse hacia el futuro, no tan s贸lo a una d茅cada por lo pronto, sino a muchas m谩s, con una visi贸n compartida, m谩s all谩 de partidos e ideolog铆as. Sin ese horizonte, la pol铆tica seguir谩 reducida a la mezquindad de fastidiar al gobierno de turno y de paso a la ciudadan铆a, dejando de lado el inter茅s general.
Fracasar en esa tarea es seguir forzando la relaci贸n de la pol铆tica partidista con la ciudadan铆a, seguir alimentando el enojo social que se acumula gobierno tras gobierno, un malestar que interpela a todos, pero que rara vez encuentra respuestas. Si no se rompe esta din谩mica, seguiremos atrapados en un c铆rculo vicioso de frustraci贸n ciudadana y par谩lisis pol铆tica.
En conclusi贸n, la pol铆tica chilena no puede seguir atrapada en gobiernos sin mayor铆as, incapaces de ejecutar sus programas y condenados a la inercia. La falta de acuerdos, la arrogancia y el c谩lculo mezquino han debilitado la democracia y erosionado la confianza ciudadana. Si no se asume de una vez la responsabilidad de construir consensos reales y un proyecto com煤n de pa铆s, seguiremos el c铆rculo vicioso de crisis, frustraci贸n y enojo social. Chile necesita liderazgo con sentido com煤n, instituciones s贸lidas y una visi贸n compartida de futuro que supere los caprichos ideol贸gicos y las disputas est茅riles. Solo as铆 podremos recuperar estabilidad, credibilidad y desarrollo.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico
Justicia contra el bullying
Justicia
contra el bullying
La Ley 21.809, del a帽o 2026, busca enfrentar el bullying sancionando a los colegios y entidades educativas de donde emergen los casos. Para ello, la ley refuerza la prevenci贸n, el bienestar socioemocional y la participaci贸n de toda la comunidad escolar a favor de la v铆ctima. Adem谩s, establece sanciones en caso de que los establecimientos no act煤en.
Apoyamos plenamente esta iniciativa, no obstante, no podemos dejar de se帽alar una cr铆tica profunda: durante d茅cadas el centro pol铆tico no fue capaz de presentar una propuesta seria para enfrentar este problema, a pesar de las denuncias p煤blicas. Del mismo modo, la izquierda que tanto habla de derechos, libertades e igualdad, tampoco actu贸 o present贸 iniciativas. El bullying sigui贸 ocurriendo de manera permanente e impune, hasta que tuvo que ser un gobierno de extrema derecha —del que no se esperaba nada en este 谩mbito— el que sorprendiera favorablemente con una ley que sanciona a quienes los cometen, a los colegios que lo permiten y a los apoderados que no asumen su responsabilidad.
¿Cu谩ntos ni帽os, ni帽as y adolescentes sufren acoso de sus pares cada d铆a? ¿Cu谩ntos agresores quedan impunes con la complicidad de profesores, directores y compa帽eros? Es necesario reconocer que el bullying marca la vida de quienes lo padecen, especialmente de personas con discapacidad, autismo u otras diferencias que son vistas por los acosadores de manera arbitraria y discriminatoria. Por lo tanto, el comportamiento de un joven en formaci贸n recae en la educaci贸n de quienes tienen el criterio de distinguir lo bueno y lo malo, y que ante un abuso o falta deben corregir. Solo ahora, con esta ley, se espera el fin de tal impunidad, del encubrimiento y del silencio c贸mplice de directores, profesores y apoderados, una actitud institucionalizada en colegios p煤blicos, privados y subvencionados.
Es m谩s, el acoso no solo ocurre en las aulas, sino que hoy ya se extiende a las redes sociales, donde las campa帽as de hostigamiento han llevado a muchos j贸venes al suicidio. En otros pa铆ses, incluso se han registrado asesinatos entre compa帽eros motivados por esta infame pr谩ctica. En consecuencia, esta decisi贸n del gobierno es justa y necesaria, ya que representa un castigo moral y legal contra quienes perpet煤an el bullying, visibilizando el abuso ante la desprotecci贸n social e incentivando la responsabilidad.
Quienes lo hemos sufrido, esperamos que este primer paso sea el inicio de un cambio real, a fin de que la justicia deje de ser una promesa vac铆a y se convierta en una herramienta efectiva para proteger a los m谩s vulnerables. En efecto, el bullying infantil en el colegio es una piedra angular en lo que se proyecta contra profesores, trabajadores del aseo, personas con discapacidad, ancianos y muchos m谩s. Por esta raz贸n, la ley 21.809 representa un quiebre hist贸rico en Chile, ya que por primera vez se establece con claridad que no solo los agresores deben responder, sino tambi茅n los grupos alrededor, en este caso las instituciones educativas y los apoderados que permiten o encubren estas conductas. As铆, esta legislaci贸n no es solo una sanci贸n, sino un llamado a la responsabilidad colectiva y una oportunidad para que, por medio de la jurisprudencia, se cree un cambio de conciencia, una real cultura de respeto e integraci贸n que erradique permanentemente este c谩ncer social.
En definitiva, el acoso no es un "problema menor", es un menoscabo social que destruye vidas y erosiona la confianza en la educaci贸n como espacio de protecci贸n y desarrollo. La Ley 21.809 abre un camino de justicia y responsabilidad compartida, enviando un mensaje claro: el silencio c贸mplice ya no ser谩 tolerado. Si se aplica con rigor, esta legislaci贸n puede marcar el inicio de un cambio cultural profundo, donde la dignidad y el respeto de cada estudiante sean innegociables.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico
viernes, 22 de mayo de 2026
viernes, 15 de mayo de 2026
jueves, 14 de mayo de 2026
Justicia contra el bullying
Justicia contra el bullying
La Ley 21.809, del a帽o 2026, busca enfrentar el bullying sancionando a los colegios y entidades educativas de donde emergen los casos. Para ello, la ley refuerza la prevenci贸n, el bienestar socioemocional y la participaci贸n de toda la comunidad escolar a favor de la v铆ctima. Adem谩s, establece sanciones en caso de que los establecimientos no act煤en.
Apoyamos plenamente esta iniciativa, no obstante, no podemos dejar de se帽alar una cr铆tica profunda: durante d茅cadas el centro pol铆tico no fue capaz de presentar una propuesta seria para enfrentar este problema, a pesar de las denuncias p煤blicas. Del mismo modo, la izquierda que tanto habla de derechos, libertades e igualdad, tampoco actu贸 o present贸 iniciativas. El bullying sigui贸 ocurriendo de manera permanente e impune, hasta que tuvo que ser un gobierno de extrema derecha —del que no se esperaba nada en este 谩mbito— el que sorprendiera favorablemente con una ley que sanciona a quienes los cometen, a los colegios que lo permiten y a los apoderados que no asumen su responsabilidad.
¿Cu谩ntos ni帽os, ni帽as y adolescentes sufren acoso de sus pares cada d铆a? ¿Cu谩ntos agresores quedan impunes con la complicidad de profesores, directores y compa帽eros? Es necesario reconocer que el bullying marca la vida de quienes lo padecen, especialmente de personas con discapacidad, autismo u otras diferencias que son vistas por los acosadores de manera arbitraria y discriminatoria. Por lo tanto, el comportamiento de un joven en formaci贸n recae en la educaci贸n de quienes tienen el criterio de distinguir lo bueno y lo malo, y que ante un abuso o falta deben corregir. Solo ahora, con esta ley, se espera el fin de tal impunidad, del encubrimiento y del silencio c贸mplice de directores, profesores y apoderados, una actitud institucionalizada en colegios p煤blicos, privados y subvencionados.
Es m谩s, el acoso no solo ocurre en las aulas, sino que hoy ya se extiende a las redes sociales, donde las campa帽as de hostigamiento han llevado a muchos j贸venes al suicidio. En otros pa铆ses, incluso se han registrado asesinatos entre compa帽eros motivados por esta infame pr谩ctica. En consecuencia, esta decisi贸n del gobierno es justa y necesaria, ya que representa un castigo moral y legal contra quienes perpet煤an el bullying, visibilizando el abuso ante la desprotecci贸n social e incentivando la responsabilidad.
Quienes lo hemos sufrido, esperamos que este primer paso sea el inicio de un cambio real, a fin de que la justicia deje de ser una promesa vac铆a y se convierta en una herramienta efectiva para proteger a los m谩s vulnerables. En efecto, el bullying infantil en el colegio es una piedra angular en lo que se proyecta contra profesores, trabajadores del aseo, personas con discapacidad, ancianos y muchos m谩s. Por esta raz贸n, la ley 21.809 representa un quiebre hist贸rico en Chile, ya que por primera vez se establece con claridad que no solo los agresores deben responder, sino tambi茅n los grupos alrededor, en este caso las instituciones educativas y los apoderados que permiten o encubren estas conductas. As铆, esta legislaci贸n no es solo una sanci贸n, sino un llamado a la responsabilidad colectiva y una oportunidad
para que, por medio de la jurisprudencia, se cree un cambio de conciencia, una real cultura de respeto e integraci贸n que erradique permanentemente este c谩ncer social.
En definitiva, el acoso no es un "problema menor", es un menoscabo social que destruye vidas y erosiona la confianza en la educaci贸n como espacio de protecci贸n y desarrollo. La Ley 21.809 abre un camino de justicia y responsabilidad compartida, enviando un mensaje claro: el silencio c贸mplice ya no ser谩 tolerado. Si se aplica con rigor, esta legislaci贸n puede marcar el inicio de un cambio cultural profundo, donde la dignidad y el respeto de cada estudiante sean innegociables.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico
El eterno enemigo de la pol铆tica en Chile: el revanchismo
El
eterno enemigo de la pol铆tica en Chile: el revanchismo
A
esta altura es una regla no escrita, al iniciar un nuevo gobierno, los
antecesores a este siempre son presentados como los peores. El que se va se
convierte en culpable de todos los males, especialmente si hubo rivalidad o una
campa帽a agresiva. As铆 ocurre hoy entre el Frente Amplio y Republicanos, que
representan polos opuestos del arco pol铆tico y han llevado el revanchismo a un
nivel que polariza a煤n m谩s el escenario.
En
esta din谩mica, para Jos茅 Antonio Kast todos los errores ser谩n responsabilidad
de su antecesor. Y si la secuencia hubiera sido inversa —primero Kast y luego
Boric— el mecanismo habr铆a sido id茅ntico.
Cabe
aclarar, este mecanismo se ha vuelto una pr谩ctica arraigada en la pol铆tica
chilena: se culpa al dirigente o gobierno anterior, con o sin fundamento, como
estrategia para justificar la propia gesti贸n, sobre todo si proviene de un
sector pol铆tico contrario; en ese caso, el objetivo se transforma en acabar con
el enemigo. Y Kast ya ha demostrado que no tiene reparos en aplicar este
procedimiento al pie de la letra, centr谩ndose en la figura de Gabriel Boric,
nuevo blanco de desprestigio m谩s all谩 de sus propios errores.
En
cuanto a los gobiernos salientes, son descritos como incompetentes, sus
diagn贸sticos como equivocados, sus proyectos como truncos. Nunca hay un mea
culpa de la oposici贸n que bloque贸 avances; siempre se insiste en que “los
anteriores hicieron todo mal”. Este mecanismo refleja una pobreza intelectual y
pol铆tica, que lamentablemente ha consolidado una forma de gobernar: se evita el
di谩logo, se reh煤ye el acuerdo y se insiste en borrar con el codo los avances
previos. El resultado es un clima de polarizaci贸n y autoritarismo que termina
da帽ando a la ciudadan铆a, porque la pol铆tica se reduce a una lucha mezquina por
demostrar que el otro fue peor.
El
populismo encuentra aqu铆 su herramienta m谩s burda y usada: culpar al
adversario. Boric lo hizo con Pi帽era, Kast lo hace con Boric, y as铆 se repite
la premisa de que “como pecas, pagas”. Pero gobernar con 谩nimo de revancha es
un error. No se puede construir pa铆s desde la descalificaci贸n permanente ni
desde la demagogia de promesas f谩ciles. Chile tiene m谩s de 200 a帽os de historia
en que distintos gobiernos han aportado, con aciertos y errores, al desarrollo
nacional. Persistir en la l贸gica de que “el anterior es el peor” solo genera
crisis pol铆ticas que terminan costando caro.
Aqu铆
la clase pol铆tica deber铆a dar el ejemplo y preocuparse de la estabilidad
emocional, pol铆tica y econ贸mica de la ciudadan铆a. Sin embargo, tanto Frente
Amplio como Republicanos han normalizado la descalificaci贸n como pol铆tica
p煤blica, arrastrando al pa铆s hacia una din谩mica cada vez m谩s burda y simplista.
La consecuencia es clara: se gobierna para minor铆as ideol贸gicas, olvidando que
la responsabilidad es con la mayor铆a social, cultural y pol铆tica que muchas
veces no se siente representada por quienes llegan al poder.
Adem谩s,
esta pr谩ctica erosiona la confianza ciudadana en las instituciones. Cuando cada
nuevo gobierno insiste en que el anterior fue un desastre, el mensaje impl铆cito
es que el Estado carece de continuidad y que las pol铆ticas p煤blicas son
fr谩giles, sujetas al capricho de quienes gobiernan. Esa percepci贸n debilita la
legitimidad democr谩tica y alimenta el desencanto, porque la ciudadan铆a observa
que m谩s que gobernar para resolver problemas, los l铆deres se dedican a ajustar
cuentas con sus rivales. El costo es enorme: se pierde tiempo, se paralizan
proyectos y se posterga el bienestar colectivo.
Por
lo tanto, es urgente abandonar la l贸gica arbitraria de que los gobiernos
anteriores son siempre los peores. No lo son. Son simplemente gobiernos que
enfrentan sus propias circunstancias y cometieron sus propios errores. El
aprovechamiento mutuo de esas ca铆das solo perjudica al pa铆s, que lo 煤nico que
exige es desarrollo, igualdad, libertad y humanidad. Si los sectores pol铆ticos
no son capaces de ver esto con altura de miras, entonces quedar谩 demostrado que
no los gu铆a el inter茅s general ni el bien com煤n, sino intereses mezquinos y
batallas peque帽as. Y esa es la peor se帽al que pueden dar a una ciudadan铆a que
espera soluciones, no excusas.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico
viernes, 8 de mayo de 2026
El eterno enemigo de la pol铆tica en Chile: el revanchismo
El
eterno enemigo de la pol铆tica en Chile: el revanchismo
A
esta altura es una regla no escrita, al iniciar un nuevo gobierno, los
antecesores a este siempre son presentados como los peores. El que se va se
convierte en culpable de todos los males, especialmente si hubo rivalidad o una
campa帽a agresiva. As铆 ocurre hoy entre el Frente Amplio y Republicanos, que
representan polos opuestos del arco pol铆tico y han llevado el revanchismo a un
nivel que polariza a煤n m谩s el escenario.
En
esta din谩mica, para Jos茅 Antonio Kast todos los errores ser谩n responsabilidad
de su antecesor. Y si la secuencia hubiera sido inversa —primero Kast y luego
Boric— el mecanismo habr铆a sido id茅ntico.
Cabe
aclarar, este mecanismo se ha vuelto una pr谩ctica arraigada en la pol铆tica
chilena: se culpa al dirigente o gobierno anterior, con o sin fundamento, como
estrategia para justificar la propia gesti贸n, sobre todo si proviene de un
sector pol铆tico contrario; en ese caso, el objetivo se transforma en acabar con
el enemigo. Y Kast ya ha demostrado que no tiene reparos en aplicar este
procedimiento al pie de la letra, centr谩ndose en la figura de Gabriel Boric,
nuevo blanco de desprestigio m谩s all谩 de sus propios errores.
En
cuanto a los gobiernos salientes, son descritos como incompetentes, sus
diagn贸sticos como equivocados, sus proyectos como truncos. Nunca hay un mea
culpa de la oposici贸n que bloque贸 avances; siempre se insiste en que “los
anteriores hicieron todo mal”. Este mecanismo refleja una pobreza intelectual y
pol铆tica, que lamentablemente ha consolidado una forma de gobernar: se evita el
di谩logo, se reh煤ye el acuerdo y se insiste en borrar con el codo los avances
previos. El resultado es un clima de polarizaci贸n y autoritarismo que termina
da帽ando a la ciudadan铆a, porque la pol铆tica se reduce a una lucha mezquina por
demostrar que el otro fue peor.
El
populismo encuentra aqu铆 su herramienta m谩s burda y usada: culpar al
adversario. Boric lo hizo con Pi帽era, Kast lo hace con Boric, y as铆 se repite
la premisa de que “como pecas, pagas”. Pero gobernar con 谩nimo de revancha es
un error. No se puede construir pa铆s desde la descalificaci贸n permanente ni
desde la demagogia de promesas f谩ciles. Chile tiene m谩s de 200 a帽os de historia
en que distintos gobiernos han aportado, con aciertos y errores, al desarrollo
nacional. Persistir en la l贸gica de que “el anterior es el peor” solo genera
crisis pol铆ticas que terminan costando caro.
Aqu铆
la clase pol铆tica deber铆a dar el ejemplo y preocuparse de la estabilidad
emocional, pol铆tica y econ贸mica de la ciudadan铆a. Sin embargo, tanto Frente
Amplio como Republicanos han normalizado la descalificaci贸n como pol铆tica
p煤blica, arrastrando al pa铆s hacia una din谩mica cada vez m谩s burda y simplista.
La consecuencia es clara: se gobierna para minor铆as ideol贸gicas, olvidando que
la responsabilidad es con la mayor铆a social, cultural y pol铆tica que muchas
veces no se siente representada por quienes llegan al poder.
Adem谩s,
esta pr谩ctica erosiona la confianza ciudadana en las instituciones. Cuando cada
nuevo gobierno insiste en que el anterior fue un desastre, el mensaje impl铆cito
es que el Estado carece de continuidad y que las pol铆ticas p煤blicas son
fr谩giles, sujetas al capricho de quienes gobiernan. Esa percepci贸n debilita la
legitimidad democr谩tica y alimenta el desencanto, porque la ciudadan铆a observa
que m谩s que gobernar para resolver problemas, los l铆deres se dedican a ajustar
cuentas con sus rivales. El costo es enorme: se pierde tiempo, se paralizan
proyectos y se posterga el bienestar colectivo.
Por
lo tanto, es urgente abandonar la l贸gica arbitraria de que los gobiernos
anteriores son siempre los peores. No lo son. Son simplemente gobiernos que
enfrentan sus propias circunstancias y cometieron sus propios errores. El
aprovechamiento mutuo de esas ca铆das solo perjudica al pa铆s, que lo 煤nico que
exige es desarrollo, igualdad, libertad y humanidad. Si los sectores pol铆ticos
no son capaces de ver esto con altura de miras, entonces quedar谩 demostrado que
no los gu铆a el inter茅s general ni el bien com煤n, sino intereses mezquinos y
batallas peque帽as. Y esa es la peor se帽al que pueden dar a una ciudadan铆a que
espera soluciones, no excusas.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Pol铆tico