El triunfo de los moderados: Orrego y la derrota del desprestigio
El sobreseimiento de las causas de corrupción contra Claudio Orrego, junto con la obligación de que el Ministerio Público y los acusadores paguen los costos, es mucho más que un fallo judicial, es la derrota de una operación política destinada a destruir a un líder moderado. Las acusaciones que conectaban directamente la gestión de Orrego con el caso Fundaciones en Santiago, nunca tuvieron sustento real, fueron fabricadas y utilizadas como arma de desprestigio. El objetivo era claro, bloquear a Orrego, impedir que creciera como gobernador de Santiago y frenar su proyección presidencial. Como resultado, no lo lograron.
Siendo la política lo que es, la pregunta inevitable recae sobre quién estuvo detrás de esta operación. Sería la derecha, temerosa de perder el espacio construido; el socialismo tradicional del PPD y PS, ex compañeros de coalición; o el progresismo del Frente Amplio que disputa directamente los espacios a la gente de la ex concertación. Al final, poco importa el sector que moviera la denuncia, lo relevante es que alguien quiso manipular la justicia para eliminar a un adversario incómodo. Las acusaciones, presentadas como “contundentes”, se diluyeron con el tiempo, revelando que detrás había cálculo político y no búsqueda de verdad.
Este episodio desnuda una realidad, los extremos temen a los moderados. Les incomoda la seriedad, les molestan las dinámicas de los acuerdos y la estabilidad que representan figuras como Orrego o Mario Desbordes. Prefieren el ruido de la demagogia y el populismo, porque ahí se sienten cómodos. Pero Chile necesita otra cosa, líderes que gobiernen con responsabilidad, que construyan proyectos de largo plazo y que defiendan la democracia sin sectarismos.
El triunfo de Orrego en los tribunales es también la victoria de una cuarta vía política, una que representa a los moderados y que da aviso que siguen vivos y dispuestos a disputar el poder. No los pudieron enterrar y, por el contrario, los fortalecieron. Y ahora no es de interés esperar por más ataques; sino, cuántos moderados estarán dispuestos a dar la pelea contra quienes quieren mantenernos sitiados por los extremos.
Así es como la justicia tardó, pero llegó. Y con ella, la certeza de que la alternativa moderada no solo existe, sino que es la única capaz de devolverle al país la estabilidad que tanto necesita. Una alternativa donde Orrego y Desbordes son cartas serias, y que abre la puerta a que se sumen más. Porque Chile no merece seguir atrapado en la mediocridad de los extremos. El país merece líderes que representen orden, acuerdos, democracia real y no un atrincheramiento obstaculizador.
La política chilena no puede seguir siendo rehén de quienes buscan destruir reputaciones para ganar terreno. Y desde esta perspectiva el sobreseimiento de Orrego es una advertencia, las campañas de desprestigio no siempre triunfan, y cuando fracasan, fortalecen al atacado.
Hoy, más que nunca, se necesita levantar una alternativa que enfrente la demagogia y el populismo con propuestas serias. Los moderados incomodan porque no se dejan arrastrar por la polarización, porque buscan gobernar para todos y no para una facción. Y esa se convierte en la verdadera amenaza para los extremos, que la mayoría del país descubra que la estabilidad y los acuerdos son más valiosos que los discursos incendiarios.
El caso Orrego marca un punto de inflexión. No es solo la reivindicación de un político, es la demostración de que la justicia puede desenmascarar operaciones políticas disfrazadas de acusaciones legales. Es la señal de que los moderados siguen en pie y que, pese a los intentos de silenciarlos, tienen la fuerza para disputar el futuro de Chile. Y esa es la batalla que viene, impedir que los extremos sigan sitiando la democracia y abrir paso a una nueva etapa de liderazgo responsable.
Nelson Leiva Lerzundi
Cientista Político.
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